Cuestión del Sahara

La cuestión del Sahara marroquí sigue siendo uno de los conflictos más antiguos de la historia moderna, debido a la superposición de intereses de las partes involucradas en el conflicto y la hostilidad contra el derecho histórico y legítimo de Marruecos sobre sus territorios.

El conflicto del Sahara empieza en 1975 y hasta ahora no se ha encontrado una solución definitiva y consensuada. Al principio se trataba de una sencilla cuestión de descolonización entre Marruecos y España, que siempre han resuelto los problemas de la época colonial mediante la negociación.

Este conflicto tuvo sus origines en los años sesenta del siglo pasado, cuando Marruecos exigió la recuperación de su Sahara justo después de conseguir la independencia. Por ello, insistió en esta cuestión cuando las autoridades coloniales españolas cedieron Tarfaya en 1985 y Sidi Ifni en 1969, pero rechazaron entregar el territorio del Sahara a Marruecos así como Ceuta y Melilla.

En aquel momento, el colonizador español preveía crear un gobierno local bajo su autoridad y su tutela. Para lograr esto, declaró unilateralmente en agosto de 1974, su decisión de celebrar un referéndum en el Sahara durante la primera mitad de 1975.

No obstante, Marruecos ha rechazado categóricamente esta decisión. Esto se ilustraba claramente en el mensaje dirigido por el difunto el rey Hassan II al presidente español, en el cual el soberano le comunicó la preocupación de Marruecos y su determinación de oponerse a esta medida unilateral, ya que no cumple con las resoluciones de las Naciones Unidas. Mientras tanto, el rey Hassan II envió dos emisarios a varias capitales mundiales para exponer la posición de Marruecos respecto a la cuestión del Sahara. En la misma línea, el difunto Hassan II solicitó al tribunal internacional de justicia de la Haya definir la situación jurídica del Sahara.

El 18 de septiembre de 1974, Marruecos demandó a la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, después de haber pedido a la Asamblea General de la ONU suspender todos los procesos relacionados con el referéndum en el Sahara hasta que la Corte emitiera su veredicto en el caso.

Acto seguido, la Asamblea General adoptó la resolución 3292 el 13 de diciembre de 1974, en la que pidió a la Corte Internacional de Justicia dar, en una fecha próxima, una opinión consultiva sobre el Sahara.

El 16 de octubre de 1975, la misma Corte emitió su opinión consultiva sobre el Sahara, reconociendo que el Sáhara no era un territorio sin dueño antes de la ocupación española, además de la existencia de vínculos jurídicos y pleitesía entre los sultanes de Marruecos y las tribus saharauis.

La movilización marroquí no se limitaba a esta fase, sino que fue apoyada por los países árabes y africanos. Por ello, Arabia Saudí pidió a España, en nombre de todos los países árabes, el 1 de octubre de 1974,  resolver urgentemente el problema del Sahara. Del mismo modo, el SG de la Organización de la unión africana (OUA) expresó el 14 de marzo de 1975, el apoyo de la Organización Panafricana a Marruecos por todos los medios para liberar su territorio expoliado, además del apoyo del  gobierno de Costa de Marfil, que designó a Alfonso Ponce para representar Marruecos en la Corte Internacional de Justicia.

Tras el reconocimiento de la Corte de Justicia de los derechos históricos de Marruecos en el Sahara, el rey Hassan II anunció el 6 de noviembre de 1975, la organización de una marcha verde de carácter pacífico en dirección hacia el Sahara, en la que participaron 350 000 personas. Este acontecimiento que marcó la historia del siglo XX, puso a España frente a una nueva situación, por lo que se vio obligada a negociar con Marruecos la cuestión del Sahara.

 Así, la cumbre tripartita entre Marruecos, España y Mauritania celebrada en Madrid el 14 de noviembre de 1975, dio lugar a la firma de un acuerdo, por el que el territorio del Sahara fue sometido bajo la administración tripartita, y esto, por un periodo transitorio de tres meses, seguido de la retirada de España al cabo del periodo fijado.

Las negociaciones entre Marruecos y España se asentaron sobre la retirada de tropas españolas del Sahara marroquí en febrero de 1976.

En el momento en que el rey Hassan II se preparaba para lanzar la marcha verde, paralelamente Argelia anunció el 21 de octubre de 1975 su oposición a la organización de esta marcha pacífica y movilizó, con este fin, su diplomacia en las principales capitales del mundo,  con el fin de contrarrestar la finalización de la integridad territorial de Marruecos.

Frente a esta extraña posición de Argelia y para acentuar las presiones sobre Marruecos, el régimen argelino expulsó a 350.000 marroquíes de Argelia, en lo que llamó el ex presidente argelino Houari Boumédiène “la marcha negra”. 

En ese momento, el vecino del este ha mostrado sus ambiciones intentando ocupar regiones en el Sahara justo después de la partida de las fuerzas españolas.

Al acercarse la fecha de la evacuación de las tropas españolas del Sahara marroquí, un grupo de oficiales y soldados del ejército argelino se infiltraron el 27 de enero de 1976, en el pueblo de Amgala, situado cerca de la ciudad de Esmara y en la frontera con Mauritania. El ejército argelino entró en guerra con un batallón de las Fuerzas Armadas Reales, por lo que se vio obligado a retirarse de la región de Amgala.

En un intento de justificar la presencia de elementos de su ejército en el territorio marroquí, Argelia reveló por vía de sus medios de comunicación que se trataba de un convoy de camiones que transportaba alimentos y medicinas, y no un grupo armado a pesar de que la realidad dice lo contrario. 

En su obra Historia del movimiento nacional, Tomo II, el escritor e historiador Abdelkrim Ghellab, escribió que “La victoria de Amgala ha puesto fin a la guerra del Sahara en la medida en que las batallas que se siguieron fueron meramente guerrillas. Si Argelia hubiera ganado la guerra de Amgala, habría convertido la zona en una puerta de entrada para controlar el Sahara”.

Tras el fracaso de la tentativa fallida de ocupar Amgala, Argelia intentaba a menudo encontrar alguna forma para ocupar el Sahara. Por esta razón,
anunció la creación de “la República Árabe Saharaui Democrática” el 27 de febrero de 1976, un día antes de la evacuación de los españoles del Sahara el 28 de febrero del mismo año.

Aunque Argelia extiende sobre una superficie inmensa, la más grande de África,  sus líderes intentan frecuentemente crear problemas a los países vecinos, particularmente Marruecos, que goza de una posición geográfica privilegiada y que puede competir con Argelia el liderazgo en la región.

Este hecho impulsó a los líderes argelinos para contrarrestar Marruecos en la realización de su integridad territorial. Es por eso que Argelia creó el Polisario para intentar debilitar Marruecos por guerrillas.

La finalización de la integridad territorial de Marruecos constituye una amenaza para el régimen argelino y convertirá el Reino en un serio competidor, una preocupación que justifica las ambiciones de Argelia para extender su hegemonía sobre el Sahara marroquí.

Es obvio que el vecino del este aspira a tener una salida al mar y precisamente un puerto en el Océano Atlántico que le permitiría comercializar el hierro de la zona de Jbilat.  Esto sólo se lograría si la región del Sahara se encuentra bajo la autoridad de un “Estado” creado por Argelia. Sus intenciones se concretaron desde el primer ataque contra Marruecos en Hassi Bida y Hassi Tanjoub en 1963, tres años después de la independencia de Argelia.

Cierto, Argelia continuó su guerra contra Marruecos hasta que creó el Frente Polisario albergándolo en su territorio en Tindouf, y buscando por todos los medios su reconocimiento por algunos países corruptos.

Según el profesor universitario Abdelouahed Nasser: “Argelia procuraba ofrecer recompensas financieras, sobornos y comisiones a algunos países pobres a cambio de su reconocimiento de la fantasmal RASD. Incluso lanzó canales radiofónicos actuando como portavoces del Polisario, esto confirma de manera tangible que los éxitos diplomáticos realizados por el Frente gracias a algunos países y ganar la simpatía de otros, le permitió alcanzar más logros que algunos legítimos movimientos de liberación no han conseguido, esto se debe a todos los medios y mecanismos que despliega Argelia”, añade el profesor.

La movilización de Argelia no se limita solo a  la fase de conseguir el reconocimiento del Estado fantasma, sino promover la idea de negociaciones a nivel de Naciones Unidas y de foros internacionales. En este sentido, el régimen argelino se sirvió de su presencia en los encuentros, coloquios y conferencias internacionales para llamar a negociaciones directas entre Marruecos y el Polisario, lo que significa un reconocimiento implícito de este movimiento.

Esta política desempeñó un papel importante en la adopción del plan de la ONU para llevar a cabo un referéndum en el Sahara en 1988. Marruecos aceptó entablar negociaciones con el frente Polisario, a condición de que las mismas sean supervisadas por un Representante Especial de las Naciones Unidas.

Hay que recordar que esta etapa fue precedida por numerosos incidentes provocadores fomentados por Argelia, entre ellos: la batalla de Tan-Tan el 28 y el 29 de enero de 1979, la batalla de Esmara el 14 de marzo de 1979, la batalla de Bir Inzaran el 11 de agosto de 1979, la Batalla de Mssid el 13 de septiembre de 1979, la batalla de Bucraa y El Aaiún el 28 de enero de 1980, la batalla de Bojador el 13 de febrero de 1980 y la batalla de Akhnifis el 26 de septiembre de 1980  .

La región conoció una situación de inestabilidad a pesar de un alto el fuego entre Marruecos y el Polisario. Pero la situación volvió a su cauce cuando el Secretario General de las Naciones Unidas formuló un plan de paz presentado a las partes el 11 de agosto de 1988 antes de haber sido aprobado por la resolución de la ONU N° 629 de la ONU el 23 de septiembre de 1988.

Las dos partes en conflicto han expresado su voluntad de poner en práctica este plan. Pero su aplicación se enfrentó a muchos problemas, a saber: la cuestión de las negociaciones directas, los criterios para la identificación de los participantes en el referéndum, la cuestión de la designación de los jeques tribales de cada parte de la Comisión de Identificación.

El proceso de identificación que se inició en julio de 1994 fue suspendido a partir de enero de 1996, debido al rechazo del Frente Polisario de las listas dadas por Marruecos, motivo de la partida de una parte de la “MINURSO” en mayo de 1996.

Pero las entrevistas llevadas a cabo bajo la supervisión del Representante Especial de las Naciones Unidas, James Baker, dieron lugar a la adopción de una declaración que definió los compromisos de ambas partes en lo relativo al plan de paz de 1988, más la obligación de cumplir con el código de conducta relativo a la campaña del referéndum puesto en marcha en Houston.

Así el proceso de identificación se reanudó el 3 de diciembre de 1997, tras la admisión del Frente Polisario los requisitos para organizar el referéndum, que estaba previsto para el 7 de diciembre de 1998, fecha especificada por el Secretario General de las Naciones Unidas después de haber sido aplazado cinco veces seguidas.

Ante las dificultades que planteaba el plan de arreglo presentado por las Naciones Unidas, el proceso de identificación y las personas con derecho a  participar en el referéndum, la ONU adoptó la resolución 1309, de 25 de julio de 2000 y que estipuló la importancia de recurrir a una solución política como una de las opciones que podría ser aceptada por las partes interesadas, y por consiguiente permitiría superar los problemas del proceso de referéndum, sobre todo con respecto a la identificación. Pero, la ONU fue finalmente convencida del fracaso y de la imposibilidad para organizar el referéndum, basado en el proceso de identificación.……..

Cuando la situación se encontraba estancada en 2007, Marruecos presentó un proyecto de autonomía, fruto de un proceso de amplia consulta a nivel nacional y local, con la participación de todas las fuerzas políticas y sociales marroquíes, los electores y los ciudadanos saharauis a través del Consejo Consultivo para los Asuntos del Sahara (CORCAS), con el fin de tener presente los distintos puntos de vista con respecto a la formulación del proyecto de autonomía en el Sahara. Este proyecto fue recibido favorablemente por muchos países, como solución justa y realista a la cuestión del Sahara.