El Sahara en la ONU

Marruecos actuó de una forma positiva en la puesta en marcha del plan de arreglo propuesto por las Naciones Unidas en 1991, para resolver el conflicto del Sahara.

Visto el carácter complejo y delicado del proceso de la identificación, la voluntad deliberada de otras partes de excluir componentes importantes de las tribus del Sahara de este proceso, así como las diferencias fundamentales que han caracterizado las posiciones de las partes sobre aspectos claves del Plan, llevaron al Secretario General de las Naciones Unidas y al Consejo de Seguridad de la ONU, a la conclusión de la inaplicabilidad del plan de arreglo.

Así, el Secretario General indicó en su informe del 17 de febrero de 2000, que: “después de 9 años, no fue posible aplicar en su integralidad alguna disposición principal del Plan de Arreglo, a excepción del cese el fuego”, y esto se debe a “las diferencias fundamentales de opiniones entre las partes en torno a las interpretaciones dadas a sus disposiciones principales (Informe S/ 2000/131, de 23 de febrero de 2000). 

El Consejo de Seguridad tuvo que sacar conclusiones de esta constatación en su resolución 1292 del 29 de febrero de 2000, recomendando al SG la necesidad de considerar los puntos de vista de las partes, teniendo en cuenta los obstáculos existentes, examinar los medios de llegar a una solución rápida, duradera y convenida de su conflicto, que definiría sus derechos y obligaciones respecto al Sahara.

En aplicación de esta recomendación, el Sr. James Baker, el enviado personal del Secretario General de las Naciones Unidas, llevó a cabo una serie de consultaciones durante el año 2000, en Londres y luego en Berlín, llamando a las partes a adoptar una solución, conocida como la “tercera solución”, así como comenzar a negociar una solución política que resolvería el conflicto del Sahara. (Informe S/2000/683, del 13 de julio del 2000).

Presentando el proyecto del Acuerdo-Marco, conocido como “el plan Baker I” en junio de 2001, el Secretario General y su enviado personal, consideraron que dicho proyecto “ofrece lo que podría ser la última oportunidad para resolver el conflicto en los próximos años, e instó a todas las partes interesadas a aprovechar esta oportunidad, porque sirve los intereses de la población del Sahara y los países de la región”.

En su resolución 1359 del 29 de junio de 2001, el Consejo de Seguridad respaldó esta recomendación y “animó ambas partes a examinar el proyecto del Acuerdo-Marco y a negociar todas las modificaciones que desearían ver incluidas en esta propuesta, así como examinar cualquier otra propuesta de arreglo político que podría ser avanzada por las partes, para llegar a una solución política mutuamente aceptada”.

En respuesta a esta resolución, Marruecos aceptó este proyecto de Acuerdo- Marco, como base de negociación con el fin de resolver definitivamente este conflicto regional. Argelia y el Polisario rechazaron esta propuesta, negando la negociación que les ha sido propuesta por el Secretario.

Incluso, Argelia llega a presentar el 2 de noviembre de 2001, al Sr. James Baker, en Houston; una propuesta de partición del territorio y de la población del Sahara. Esta propuesta ignora el principio de la autodeterminación y el mito de “la tierra y el pueblo saharaui”, que ha constituido desde siempre el fundamento de la posición de Argelia respecto a este conflicto.

Asimismo, llama la atención la posición de Argelia que ignora deliberadamente el Plan Baker I, además de su propuesta de partición del Sahara, como requisito esencial para el proceso de arreglo de la cuestión del Sahara en el seno de la ONU.

A raíz de estos pasos, Baker presentó un nuevo plan, conocido como “el plan Baker II”. En su resolución 1459, en julio de 2003, el Consejo de Seguridad condicionó su apoyo a este plan al consentimiento de las partes. No obstante dadas las profundas diferencias entre las partes sobre el segundo plan de Baker, fue considerado nulo por el Consejo de Seguridad como base para las negociaciones de este conflicto.

En este contexto, el Consejo en su resolución 1541 de 29 abril de 2004, ha esclarecido el método recomendado por la comunidad internacional para el arreglo de la cuestión del Sahara. Igualmente, el Consejo ha procedido a situar el conflicto en su verdadero contexto regional, pidiendo a los Estados de la región cooperar, con este fin, con el Secretario General y su enviado personal.

Tras la dimisión de James Baker en junio de 2004, Kofi Annan, nombró a Álvaro de Soto, atribuyéndole el mandato para seguir trabajando con las partes y los Estados de la región con vistas a llegar a una solución política mutualmente aceptable, sin incluir ninguna referencia al plan de Baker II. Argelia demostró total oposición a esta decisión y rechazó todo tipo de cooperación con Álvaro De Soto insistiendo en su reemplazo.

Tras la negativa de Argelia a cooperar con Álvaro de Soto, el Secretario General designó, en julio de 2005, a Peter van Walsum, como nuevo enviado personal para el Sahara. El Secretario General le ha confiado un mandato consistente en “evaluar la situación y ver con las partes concernidas, los países vecinos y otras partes protagonistas, la mejor forma de salir del estancamiento político actual”. (Carta del Secretario General S/2005/497)”.

Al respecto, Van Walsum presentó el 18 de enero de 2006, ante el Consejo de Seguridad, su visión para solucionar la cuestión del Sahara, así como procedió a examinar la situación y un análisis detallado de la realidad que rodean este conflicto, instando a todas las partes a entablar negociaciones. A propósito de esto, insistió a la comunidad internacional a “convencer a Argelia para participar en las negociaciones, ya que es la llave de la solución”.

Este enfoque fue confirmado por el Secretario General de la ONU en su informe publicado en abril de 2006 (S/2006/249).